Por Pablo Picaza
Y bueno, ya de vuelta en Barcelona después de esta maravillosa experiencia vivida en Ougá, capital de Burkina Faso.
No resulta fácil permutar las maneras de trabajo de sitios tan dispares como Barcelona y Ougá, como no lo es hacerlo entre Europa y África. Los ritmos difieren, afectan. Y uno tiene que estar atento a todas sus peculiaridades. Las de ambos. La intensidad de la lentitud, entendida como calma. La pretendida liviandad de la rapidez, entendida como eficacia aunque a veces no pase de superfluas lecturas de las cosas.

Los climas se enfrentan entre el invierno mediterráneo y el cambio de estación africano. Con tiempo en el bolsillo, todos nos aclimatamos. Con la apretada agenda europea, procede especial atención al resfriado de cambio de temperatura de 10º a 35º. Uno se lleva medicamentos varios para complejas enfermedades tropicales y se olvida un Frenadol para lo más evidente.
Pero buscando el poso de esta semana, una vez llegado, aterrizado, curado y recuperado y recuperando tareas pendientes, cabe preguntarse que ha quedado de todo ello.

En primer lugar, un personal agradecimiento a todos aquellos a quienes me he cruzado en Burkina, por todo aquello que he aprendido de ellos.
Una de las cosas más importante es la valoración de las cosas. En este caso, unas cámaras. Su valoración como un importante instrumento de comunicación, de expresión. Pero además, el mimo y el cariño con el que cada uno de los aparatos son tratados y cuidados. Por su excepcionalidad. Y porque permanecerán entre ellos y se usaran, y se compartirán. Igual que las desvencijadas y mil veces usadas aulas de las escuelas son valoradas como futuras tribunas del saber.
El día a día de las clases que hemos impartido en el jardín de la casa de Yasmina han sido una experiencia irrepetible. Claro que en África, hacer estas cosas en el interior de los edificios no tiene mucho sentido. Y le quita un peso de encorsetamiento, de seriedad decisiva a cualquier aspecto laboral. Claro también que los monitores exultaban una juventud necesaria para trabajar con los más pequeños. Y claro que los móviles sonaban regularmente con mensajes constantes de amigos o novias. Igual que en cualquier reunión de chicos inquietos.
Los dos primeros días los dedicamos a conocer las cámaras de una manera técnica, ya que casi todas eran diferentes, y a tener unas nociones básicas de lo que significa la luz, sus peculiaridades, sus fundamentos, sus problemas.
A tercer día ya nos pusimos con la práctica. Fundamentalmente conceptos de composición, de equilibrio, de volúmenes, de formas, de enfoque. Y por fín, con las cámaras a la calle.
Buscando una serie de temas concretos de lo que va a ser el tema principal del trabajo, “Un día en mi vida”, salimos tocos en grupos diferentes y cada uno busco la manera de expresar lo que ya habíamos definido como objetivo temático.
Tengo que decir que los resultados, me parecieron fantásticos. Buenas ideas, buenas comprensiones, buen sentimiento de comunicación. Gran sensación de haber podido comunicar lo que deseaba a pesar de tener que hacerlo en una lengua, el francés, que aunque de joven la hablé con soltura, me ha hecho esforzarme de manera especial para conseguir esa comunicación.

Los dos últimos días han servido para analizar los resultados de las fotos realizados. El primer día con mis criterios y el segundo, dejándoles a ellos mismos que analizaran los aspectos de composición que habíamos trabajados. Pensemos que son ellos los que ahora tendrán que contar a los más pequeños que hacer con esos aparatitos cuadrados que tienen la facultad de reflejar lo que pasa delante de su objetivo.
Y para las próximas semanas, los cursos se han estructurado de la siguiente manera. Tanto en Ougá como en Tenado, pequeño pueblo que finalmente se incluye en el proyecto, se hacen dos grupos de trabajo. Uno de 07:00h a 09:00h y el otro de 16:00h a 18:00h 3 días a la semana. Martes, miércoles y viernes. 6 horas semanales durante 3 a 4 semanas. Las horas se han elegido así, por dos razones. Compatibilidad de horarios y las mejores horas de luz durante el día.

No puedo dejar de agradecer a Yasmina, directora de Dunia La Vie, su hospitalidad, su cálido y amable trato y la posibilidad de conocer la vida familiar de una casa burkinabe, llena de personas, niños, perros, gatos y cualquier ser vivo que deseara estar bajo el paraguas emocional de esta mujer.
Y gracias a Gemma, por su manera de mirar, por su generosidad al participar en este proyecto, por su ayuda, su apoyo y profunda implicación en una manera de hacer. Ha sido un placer gozar de su compañía y tener la oportunidad de revisitar África con ella. Creo que los resultados de su trabajo ya empiezan a estar visibles y pronto podremos verlos al completo.
Por último, agradecer a Nexes la infraestructura, aunque en este viaje se ha echado de menos a Davide.
Y sobre todo, a todos aquellos que han aportado sus cámaras usadas para este proyecto con el que seguro que vamos a conseguir que su segundo uso sea realmente productivo, creativo y constructivo.
Y si, por supuesto gracias a Fotoprix, sin los que este proyecto no hubiera sido económicamente viable, ni posible. Especial mención a la profesionalidad con la que han actuado, tanto en la recogida física de las cámaras como en completar cada una de ellas con sus accesorios correspondientes, lo que ha permitido que todas ellas llegaran como si fueran nuevas. Tanto es así, que en la aduana no se creían que fueran cámaras usadas.
Y yo tengo que agradecer a la vida que me haya permitido vivir todo este proceso, desde el principio hasta ahora y esperemos la final.
Ahora, las cámaras están en África. Y África nos contará lo que crea conveniente a través de imágenes.